Sucedió en Pollería Mike, un clásico comercio atendido por sus propios dueños en la esquina de Primera Junta y Libertad. El delincuente estuvo casi media hora adentro, comió, tomó cerveza y se llevó mercadería por $500.000. Para reforzar la seguridad, los propietarios debieron gastar otros $600.000 en un contexto de caída drástica de las ventas.
La esquina de Primera Junta y Libertad alberga una parte de la historia comercial del barrio. Allí funciona Pollería Mike, un almacén y pollería familiar que ya va por su tercera generación: lo fundó el abuelo, lo continuó el padre y hoy está en manos de los hermanos Benedetti. Durante cuatro décadas, el negocio esquivó los episodios de inseguridad crónicos de la zona, a pesar de estar a pocas cuadras de la Comisaría 4ta. Sin embargo, la racha se cortó la madrugada del pasado miércoles 27 de mayo.
A las 2:15 AM, un delincuente forzó el ingreso al local utilizando un pedazo de riel de un garaje lindero para hacer palanca sobre la reja. Lo que siguió después roza el descaro: el ladrón permaneció 27 minutos dentro del comercio. "Mientras iba embolsando las cosas, comió alfajores y se tomó una cerveza", relató Diego Benedetti, visiblemente afectado por la situación.
A medida que pasan las horas y se retoma la rutina de trabajo, los faltantes se hacen más evidentes. El botín del delincuente se centró casi exclusivamente en alimentos de alto valor y stock de rápida rotación.
"Ronda más o menos unos 500 mil pesos en mercadería. Dentro de todo, no se llevó ninguna balanza, lo que al menos me permite seguir trabajando", detalló el comerciante.
El golpe económico no termina en el valor de lo sustraído. Para los Benedetti, la pérdida de la tranquilidad los obligó a realizar una inversión en seguridad que no tenían planificada y que supera el costo del propio robo.
Entre el refuerzo de rejas y la instalación urgente de sistemas de alarmas, la familia ya desembolsó $600.000, y aún quedan aberturas por asegurar. Sumando la mercadería y la infraestructura, el impacto financiero supera holgadamente el millón de pesos.
A nivel policial, la investigación avanza lentamente. Aunque las cámaras de seguridad de un vecino registraron el modus operandi, el rostro del delincuente no se logra distinguir con claridad, por lo que aún no hay sospechosos identificados.
Este episodio llega en el peor momento posible. Benedetti no oculta la dura realidad que atraviesa el sector minorista, describiendo el panorama actual como un "momento muy crítico".
Más allá de los números, el verdadero daño es el psicológico. La madre de Diego vive en la vivienda pegada al negocio, lo que transformó el robo en una amenaza directa a la intimidad familiar. "La noche siguiente no pude dormir; tenía que salir con el auto a dar vueltas por el negocio para ver que estuviera todo bien", confiesa Diego. Tras 40 años de trabajo honesto, la Pollería Mike resiste, pero ahora lo hace detrás de una alarma.
