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Lejos de un giro definitivo en la relación entre EE.UU. y China, las treguas impulsadas por Donald Trump forman parte de una estrategia defensiva orientada a ganar tiempo en un orden global que Washington ya no controla. Con una economía presionada por la deuda, la defensa del dólar y un repliegue creciente del multilateralismo, EE.UU. gestiona la coyuntura mientras Beijing acumula poder con horizonte de largo plazo. En ese contraste se define el conflicto central del siglo XXI y se reconfigura el lugar estratégico de América Latina en un mundo en transición. Leer más