En el marco del medio siglo del inicio de la última dictadura militar en Argentina, la profesora de historia y exconcejal reflexiona sobre el negacionismo, la teoría de los dos demonios "recargada" y el rol de la educación en la construcción de la memoria reciente.
Mañana, 24 de marzo, Argentina conmemora una fecha que marcó un antes y un después en su historia: los 50 años del golpe de Estado de 1976. En este contexto de revisión histórica y debate político encendido, la profesora de historia jubilada y exconcejal de Urdinarrain, Mónica Feyt, aporta una mirada profunda y necesaria. A través de sus vivencias en las aulas y su análisis académico, Feyt advierte sobre los peligros del negacionismo y la importancia de entender la dictadura no solo como un proceso militar, sino como un plan sistemático cívico, eclesiástico y económico.
El aula como territorio de resistencia
Para Mónica Feyt, enseñar la historia reciente no siempre fue una tarea sencilla. Durante su carrera docente, enfrentó resistencias institucionales al intentar acercar a los alumnos testimonios directos de la represión.
"Tuve situaciones difíciles, como en Aldea San Antonio, cuando llevé a Aurora Fraccaroli (madre de Francisco, desaparecido y asesinado). Sentí la resistencia de la dirección", relata. Incluso en democracia, la presión persistió: "En 2018 me 'llamaron al orden' en Gilbert por dedicar mucho tiempo al periodo 76-83. Pero es un proceso complejo que incluye lo económico, los derechos humanos, las complicidades y la ruptura del orden democrático".
Para la docente, estos temas no pueden tratarse de forma superficial. La Guerra de Malvinas, por ejemplo, suele verse de forma aislada, cuando en realidad fue parte integral de la estrategia de la dictadura para intentar sostenerse en el poder.
El modelo económico: el motor del horror
Feyt hace especial hincapié en un aspecto que a menudo queda relegado en el debate público: el plan económico de la dictadura. Según la profesora, la represión fue la herramienta necesaria para imponer un modelo de exclusión:
"Para que ese modelo económico se implementara, había que eliminar a una parte importante de la población", sentencia Feyt, vinculando aquel pasado con discusiones económicas que aún resuenan en el presente.
De los "dos demonios" a la "memoria completa"
Uno de los puntos más críticos del análisis es el resurgimiento de la Teoría de los Dos Demonios. Feyt explica que, si bien surgió en los 80 para intentar explicar la violencia, hoy se asiste a una versión "recargada" bajo el lema de la "memoria completa".
"Ahora se demoniza la militancia, a las Madres, a los docentes y a los símbolos. Se intenta equiparar la violencia de grupos insurgentes con la violencia estatal, que fue un genocidio planificado. Lo que buscan es la suspensión de los juicios de lesa humanidad y la libertad de los represores", advierte.
Sobre la cifra de los 30.000 desaparecidos, la profesora es tajante: "Es un símbolo, una incógnita y una pregunta frente a la clandestinidad del Estado. Detenerse en si fueron más o menos es una maniobra para no hablar de lo importante: que se rompieron todas las normas legales y humanas".
El desafío de las nuevas generaciones
Ante el avance de discursos negacionistas en redes sociales, Feyt señala la responsabilidad de los medios y del sistema educativo. "Falta formación en derechos humanos en los profesorados. Es difícil hablar con un negacionista porque suele tener una forma autoritaria de ser; lo que Guillermo O'Donnell llamaba 'autoritarismo de microclima' o fascismos cotidianos que aparecen en la familia, el trabajo o la escuela".
Mónica recomienda fervientemente el documental Traslados, de Nicolás Gil Lavedra, que aborda los vuelos de la muerte, y el libro El lugar perfecto de Fabián Magnotta, para comprender la magnitud de lo ocurrido en el delta entrerriano.
Un cierre con rango constitucional
Feyt concluye recordando que la defensa de la memoria no es solo una postura ética, sino un mandato legal en la provincia. El Artículo 6 de la Constitución de Entre Ríos establece que quienes realicen actos de fuerza contra el orden institucional o colaboren con gobiernos de facto quedan inhabilitados a perpetuidad para ocupar cargos o empleos públicos, y carecen de idoneidad quienes hayan desempeñado cargos de responsabilidad política a partir del 24 de marzo de 1976.
"La memoria no se apaga tan fácilmente. Es vital seguir indagando en las complicidades locales, en lo que pasó en nuestros pueblos, para que el 'Nunca Más' no sea un eslogan vacío, sino un compromiso activo con la democracia", finaliza.
